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_________ Jueves de Relato_________ ≈"VOLVEMOS EN 6 MINUTOS"








     Tras repostar y pagar el combustible, Paco arrancó el coche y lo condujo hacia el lateral de la estación de servicio de la autovía, que estaba a cinco kilómetros del pueblo a donde había ido a pasar las vacaciones de verano. Allí empezó a besar y a toquetear a su novia la cual intentaba zafarse de sus manos, que recorrían como tentáculos sus pechos y su trasero.

¡Paco! ¡Que nos van a ver, hombre!
Es que me pones a cien. Y tengo unas ganas de comerte enterita...
Ya. Pero mejor nos vamos a otro sitio en donde no nos vean. 
Mira que eres puritana, chica...


     Amelia se apartó de su novio y comenzó a refunfuñar mientras se recolocaba el sostén:

Me da igual cómo me llames. Si no vamos a otro sitio, se acaba el mambo.
Hija, qué carácter protestó él—. ¿Qué te parece si vamos al cuarto de baño de la gasolinera? Está justo detrás y por allí no pasa casi nadie.
¿Y tú cómo lo sabes?
Pues porque es donde llevan mis amigos a sus ligues y me tienen bien informado.
Ya... Seguro que habrás sido tú el que se ha llevado ligues allí.
¡Que no, boba! Anda, sal del coche y ven conmigo. 


     Ambos se dirigieron hacia la parte posterior del edificio. Nada más cruzar la puerta, Paco comenzó a besar el cuello de Amelia a la vez que desabrochaba el botón superior de su blusa. Ella, reticente, se empeñaba en esconderse aún más de posibles miradas ajenas:

Paco, mejor entramos ahí, donde está el inodoro. 

     El chico, que no salía de su asombro, acabó cediendo a los requerimientos de su novia. Tras empujar la puerta, que estaba semiabierta, ambos se dieron un gran susto. En el interior estaba una anciana dormitando sentada sobre el sanitario con la falda y la combinación remangadas y las bragas bajadas hasta los tobillos. 

Abuela... ¡Abuela! dijo el chico mientras zarandeaba con la diestra uno de sus hombros—. ¿Está usted bien?

     La anciana se despertó asustada. Amelia se agachó y sujetó sus manos para tranquilizarla:

¿Cuánto tiempo lleva aquí, señora?
No lo sé balbuceó medio adormilada y aturdida.
¿Pero ha llegado sola o le ha acompañado alguien? insistió en averiguar la chica.
Pues me han traído mi hija y mi yerno respondió algo más despierta—. Hemos parado un momentito para estirar las piernas antes de proseguir el viaje a la playa y, como me entraron ganas de orinar... 
¿Y ahora dónde están?
 No lo sé. Me han dicho lo mismo que dicen en la tele cuando ponen los anuncios: "volvemos en seis minutos"







***Más historias en las que se recuerda algo de la TV en casa de Gus:



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_________ Jueves de Relato_________ (~_~) HALLOBLOGWEEN - 2012







   El relato de este jueves es muy especial porque va a formar parte del HALLOBLOGWEEN, una escalofriante convocatoria 
a la que Teresa Cameselle ya invitó a participar hace un año. 
En esta ocasión, la temática que propone tiene que ver con algo que, según ciertos vaticinios, se producirá este mismo año: 


EL FIN DEL MUNDO








     Manuel nunca había creído en esas cosas. Sin embargo, la reportera del telediario matinal acababa de anunciar con semblante preocupado la más que segura llegada del fin del mundo para las ocho menos cuarto de la tarde de aquel 21 de diciembre de 2012. No sabía conducir, así que hizo todo lo posible por encontrar un medio de transporte que le llevara rápidamente a la ciudad donde vivía Sara. Ya no había pasajes de tren ni de avión en ningún lado, y los pocos billetes de autobús que quedaban para ese día sólo podían adquirirse a las afueras de la estación a precio de escándalo. Tuvo la suerte de conseguir uno de los últimos. Sin embargo, le dejaría allí justo una hora antes de la hecatombe. Daba igual. Quería llegar a toda costa al encuentro con su ciber-ligue. 

     Se habían visto por webcam diariamente durante las últimas semanas, aunque nunca en persona. Ambos se atraían, e incluso habían practicado sexo cibernético en un par de ocasiones. Ahora que conocían su fatídico destino, decidieron por teléfono encontrarse ese mismo día y morir haciendo el amor en casa de Sara, que estaba a tres manzanas de la estación. 

     El autobús venía ya con veinte minutos de retraso desde su lugar de origen así que, con total seguridad, Manuel llegaría más tarde de lo previsto. Para cuando arribó a su destino tan sólo quedaba algo menos de media hora para el tan temido final. A pesar del caos en las dársenas, se reconocieron enseguida. Tras darse una buena cantidad de abrazos y efusivos besos, como sabían que ya no les daba tiempo a llegar a casa de ella, decidieron ir corriendo al primer aseo que encontraran para consumar la pasión que había nacido entre ambos durante cuatro intensos meses de chat. Tras unos minutos de caricias previas en aquel incómodo lugar y ya desnudos de cintura para abajo, la chica dice sofocada:

¿No te vas a poner un preservativo, Manuel?
—No tengo preservativos aquí, Sara. Creía que los ibas a traer tú.
—¡Oh, no! Yo no he traído tampoco. Los tenía preparados en casa. 
—¡Mierda! 
¿Y ahora qué hacemos?
—Bueno, da igual. Si vamos a morir, ya no importará si no usamos protección.

     Tanto uno como el otro alcanzaron el clímax unos minutos antes de la hora del Apocalipsis. Nueve meses después Sara dio a luz a una preciosa niña, a quien decidió llamar Maya. Se hizo muy popular ese nombre entre las niñas nacidas en esas fechas...






***Más historias apocalípticas en casa de Teresa Cameselle:



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