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ANA ROSSETTI - Advertencias de Abuela a Carlota y a Ana





                                                                       A JAVIER HERRERO (rapsoda)
                                                                             por invitarme a asistir al
                                                                       Recital de Poesía de Primavera
                                                                           y dedicarme por sorpresa
                                                                         este poema de Ana Rossetti.

                                                                                      ¡GRACIAS!

                                                                                               :)

                                                                 









ADVERTENCIAS DE ABUELA A CARLOTA Y A ANA


                               Las dos hermanas bajo bordados doseles,
                               entre blancas cortinas
                               y fragante colcha.



Iban las dos hermanas deshojando rizados crisantemos,
mordiendo el terciopelo de las rosas oscuras,
sofocando racimos de tiernos alhelíes.
Era la cama entera canastilla
y el encaje se ornaba con la flor.
Y flotaba la luz como en los cuentos,
más allá del cortinaje no existía
ninguno de los mundos.
Jugaban las hermanas como las hadas,
al igual que los ángeles
tenían rostro y cuerpo de doncella y muchacho.
Sus pequeños pezones no elevaban la tela
de largos camisones que olían a membrillo.
Y en el juego, la introducida mano,
desabrochando escotes,
indaga, sin malicia, entre la lisa
axila fraternal
el cosquilleo.
No en vano se retiran
de las alcobas los floreros.
¿Sabéis cuántas noches dormiréis
aún respirando pétalo tras pétalo
antes de que amanezcáis repentinamente muertas y púberes?
Muy pronto, el diablo adolescente
mostrará turbadoras diversiones
que os precipitarán temblando
a la ávida penumbra de los pubis
y algo desconocido
os punzará en el vientre
y hasta el desmayo juntaréis vuestras piernas.
Hermanas, tened cuidado con los solitarios juegos
bajo bordados doseles,
entre blancas cortinas
y la colcha fragante.
Oh hermanas, cuidado.




Ana Rossetti, Indicios vehementes (Poesía 1979-1984),  Madrid, 1985. Ediciones Hiperión. Con entrevista-prólogo de Jesús Fernández Palacios.
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ANA ROSSETTI - «La presa»







[...]

        Days of Future Passed, cara B. Ella oliendo a vainilla como un ramo de heliotropos. Él enlazándola por la cintura. Los dos bailando en la alfombra muy juntos. Casi sin moverse.
     Cuando ella consiguió desabrocharle el cinturón y descorrerle la cremallera, lo halló en óptimas condiciones. Cuando él logró infiltrársele en lo más profundo de la entrepierna, la encontró dispuesta y ansiosa. Los labios de ella bucearon bajo su camisa, picotearon por su pecho como una tijerita minúscula en dos minúsculos granos de frambuesa. La lengua de ella era rápida como la de un colibrí y le adhería una fría e irisada telaraña. Y él se entregó a la envolvente ternura de las caricias conocidas, a la sabiduría de la costumbre, a la liturgia que, en la reiteración, basa el principio del trance. Se cogieron de las manos: cada uno atrajo la caricia del otro hacia sí. Los dedos se superpusieron, se amoldaron, se acoplaron para maniobrar juntos. Él le recubrió la mano y la cerró firmemente sobre la rigidez de su verga. El dedo de ella acompañó al otro a abrir delicadamente la hendidura y profundizar en su abismo marino y lo orientó hasta capturar una delicia húmeda, tan dura y precisa como una perla. La mano de él le imprimió en el puño un fervoroso vaivén y ella sintió apretarle entre los dedos un deseo tumultuoso, los latidos de una sangre soliviantada, la furia de una espada ardiendo, la amenaza de un torrente subterráneo... y apresuró su cadencia desobedeciendo a su guía. Rodaron por la alfombra.
     The Moody Blues: Days of Future Passed, cara B. NIGTHS IN WHITE SATIN.
      Ella, encajándole las palmas de sus manos en las mejillas, las inclinó y las hundió entre sus piernas. Al instante una lengua diligente penetró en el tierno capullo y lo recorrió en toda su longitud, separando sus pétalos, alisándolos, lamiéndolos hasta detenerse en al comisura. Entonces, con la lengua como eje, él hizo girar su cuerpo hasta atenazar con sus ingles la cabeza de ella. Su verga inflamada entró en un cinlindro caliente de terciopelo. Unos labios se contrajeron firmemente, se estrecharon, succionaron queriendo retener al intruso que tan decididamente se introducía para luego retirarse.
   El placer de ella se derramó embadurnándole el rostro, rebosándole en la boca. El deseo de él, endurecido, agitándose, yendo y viniendo hasta el fondo, sacudido por el oleaje de una lengua procelosa, amenazaba con estallar muy pronto. Ella embistió con las caderas, y con los muslos apretó contra sí el enloquecido y persistente afán de la lengua que le hurgaba dentro de la carne. Y los dedos de él se le aventuraron en su mullido y untuoso túnel colmando plenamente su vacío. Las manos de ella empujaron las nalgas de él, las separaron, sus dedos se deslizaron recorriendo su juntura. En la penumbra, inextricablemente entrelazados, apenas se distinguía de ellos una jadeante maraña.
     De pronto, él se tensó como un ciervo. Un chorro quemante inundó de nácar el engarce de una boca. Unas piernas se desenredaron, aflojaron la presión de su pinza.
      Se alzó la aguja y dejó de girar el disco.


[...]





Ana Rossetti, Alevosías. Barcelona, 1991. Licencia editorial para Círculo de Lectores por cortesía de Tusquets Editores, S.A.
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ANA ROSSETTI - Indicios vehementes







A quien, no obstante, tan deliciosos placeres debo


“Cuando una se siente bien,   
puede prescindir de lo mejor.
Eso me parece sabio”.           


 Andréa de Nerciat



Y esa tan transparente neblina que su lengua
extendió sobre mí… labor concupiscente,
minuciosa e inútil, pues el bello prosélito
¿me atreveré a decirlo? es que es tan impotente
como adorable es. Por ello, aún intacto
conservo el corazón de mi valiosa orquídea
(falsas futuras nupcias blancas) y, así, entre tanto,
mi precioso tormento, recibo tus bombones
y mis ingles remojo detrás de cada cita
con abluciones vanas. Pero, tonto muchacho,
no te avergüences si, de pronto, no se abulta tu pretina,
ni tu enarbolado furor puede,
impasible, horadarme la membrana
y arrancar de mi carne el clásico aspaviento.
Y no te desesperes si no soy despojada
aún de aquello que, sobrepasando el tiempo
que la edad aconseja y Cupido consiente,
fiel guardo en el ardiente túnel. Ya custodiada
mi pelvis por amor tan incauto cerrada
permanece, mi escudo, ¡sabrosa precaución!
Hundamos nuestras bocas en la fresca reseda
de nuestros célibes y ocultos sitios
y tú, tonto muchacho, si encuentras resistencia
en donde tu ternura esperaba verterse,
torpemente no insistas empeñado en robarme
unas gotitas rojas y un agudo gritito,
pues no soportarías placer tan cruento.




Ana Rosetti: Indicios vehementes. Madrid. Hiperión, 1985.

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