***NOTA PRE-RELATO JUEVERO: a pesar de estar a martes, lanzo ya la entrada correspondiente porque he de llevar ¡¡¡DE NUEVO!!! el ordenador a reparar.
- ¿Qué tal con tu chico?
- Le mandé a tomar viento.
- Bueno, bueno, bueno... Afloró en ti la vena ciclónica de nuevo, eh?
- Pues no. A pesar de ser un torbellino, esta vez no me dio ningún siroco.
- ¿No me digas que tomaste la decisión en plena calma chicha?
- Así es. Me dejé mecer por la suave brisa vital que me acuna últimamente.
- ¡Jolín! Ni me lo imagino viniendo de un huracán como tú... ¿Qué pasó entonces?
- Parece ser que él tenía las ideas más difusas que un día de ventisca.
- ¡Qué extraño! Si daba la impresión de que bebía los vientos por ti...
- Yo tampoco me lo explico, la verdad. Le daría una ventolera y se le dispersarían los sentimientos...
- Hija, ¡qué pena! Aparentemente lo vuestro iba viento en popa...
- Pues, ya ves. Y fíjate que en esta ocasión no he sido yo la veleta...
- Tranquila, que ya verás cómo muy pronto vendrán buenos vientos de cambio.
- Tú siempre dándome aliento.
- ¡Por supuesto! Y no olvides que aquí estaré siempre para ti, Pandora.
- No sabes cómo te lo agradezco, Esperanza.
- Anda, tonta. Déjate de agradecimientos y procura no perder tu caja.
- ¡Eso nunca! La llevo siempre conmigo. Ni galernas, ni tifones serán capaz de arrebatármela.
- ¡Así me gusta!
Pandora, de Jules Joseph Lefebvre.
En Los trabajos y los días el poeta griego Hesíodo indica que los hombres habían vivido hasta entonces libres de fatigas y enfermedades, pero Pandora (la primera mujer hecha por Zeus) abrió un ánfora que contenía todos los males (la expresión «caja de Pandora» en lugar de jarra o ánfora es una deformación renacentista) liberando todas las desgracias humanas. El ánfora se cerró justo antes de que la esperanza fuera liberada (Eργα καὶ Ἡμέραι - Opera et Dies, 90-105).
***Más Palabras al Viento en casa de Juan Carlos:
